¿MENOS, ES MÁS?

Llegan los momentos festivos, los cumpleaños, las celebraciones y días previos comenzamos a comprar y comprar de acuerdo a lo que nos imaginamos qué puede «necesitar la otra persona».

Hacemos regalos de todos los tamaños y precios, y parece que nunca es suficiente. Tanto así, que cuando somos conscientes de lo que llevamos gastado, volvemos a prometernos una y otra vez, que el próximo año vamos a tener más cuidado. Sin embargo por alguna razón, volvemos a caer en lo mismo una y otra vez.

¿Qué es lo que necesitamos regalar? ¿Estamos comprando cosas y más cosas de acuerdo a cuánto queremos a esa persona?

Desde niños estas «actitudes» en cierto modo nos enseñan a que cuanto más cosas tengamos mejor es, que quien recibe muchos regalos es porque es muy querido o valioso o porque se portó muy bien, etc. Sin embargo, esta idea de acumular porque es mejor y dar valor a través de las cosas, responde a otros aspectos relacionados con nuestra necesidad de demostrar afecto y de ser queridos. Aprendemos desde pequeños a cómo ahogarnos y obstaculizarnos con cosas que no nos permiten disponer de nuestra creatividad de forma plena, que nuestro valor está en cuanto más cosas tengamos, sin poder sentirnos satisfechos de otras formas posibles.

Muchas veces niñas y niños han de recibir un cúmulo regalos, que los tapa en altura. Abren un regalo cuando ya están recibiendo otro. ¡Y ni que hablar de si quieren compartir esos juguetes con nosotros/as los adultos! muchas veces no hay tiempo ni voluntad de pasar el rato con ellos/as jugando. El cúmulo de cosas, hace que tanto ellos/as como nosotros/as quedemos sumergidos/as en la idea de un consumo y acumulación, que no permite reconocer qué es lo verdaderamente necesario, generando angustia y ansiedad tanto en estos pequeños/as como en nosotros/as mismos. ¿Estamos regalando de este modo, esto que también nosotros/as hemos aprendido de pequeños/as que cuanto más cosas nos regalan más nos quieren o valiosos somos?

Nuestro afecto hacia los demás, no depende de los regalos que compramos en las tiendas, hay algo mucho más valioso e irremplazable, es nada más y nada menos que nuestro tiempo en el que cargamos nuestro afecto, creatividad y disposición de estar con los demás, entre otras cosas. Este tiempo que nos habilita a poder transmitir nuestro sentir a la otra persona, nos permite acompañar y ser acompañados generando encuentros positivos y únicos que dejarán huella tanto en nosotros/as mismos como las demás personas. Regalar y construir buenos momentos es sin duda un regalo único, de este modo construiremos experiencias, recuerdos y aprendizajes que nos acompañarán por siempre ¿Qué tal si regalamos pensando en el tiempo?

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