Los orígenes de las relaciones tóxicas

Introducción

¿Cuántas veces nos vemos envueltos en relaciones tóxicas? Ya sea en la forma que actuamos con nosotros mismos, con una pareja, amigos, con nuestra familia, dentro del entorno laboral, así como en las diversas organizaciones o comunidades que formamos parte.

¿Qué es lo que tienen en común este tipo de relaciones?

Nada más y nada menos que a nosotros mismos. Muchas veces funcionamos como un imán, generando vínculos en donde lo tóxico juega un papel importante a la hora de vincularnos.

¿En dónde empieza lo tóxico del otro y comienza lo mío?

Muchas veces pasamos por momentos difíciles en nuestra vida, momentos que van dejando marcas y aprendizajes ante las: pérdidas, decepciones, familias conflictivas, cambios repentinos, dificultades, frustraciones, etc., sin embargo, no siempre logramos sobreponernos del todo. Y por lo tanto llevamos con nosotros mismos esta carga sin poder hablarla y descifrarla, manifestándose en conductas, hábitos, y relaciones tóxicas que afectan nuestra calidad de vida.

Por momentos, nuestra atención y nuestros pensamientos están dirigidos hacia un afuera que reconoce lo hostil en los demás. Esta dificultad asociada a una búsqueda de afecto y problemas de autoestima nos hace sentir: maltratados, manipulados, ignorados o desvalorizados, entre tantas otras cosas. Sin embargo por alguna razón no logramos tomar la iniciativa de terminar con este tipo de vínculos.

No siempre somos del todo conscientes de nuestras decisiones y elecciones, por lo contrario, nos dejamos llevar en gran parte por impulsos o fuerzas inconscientes, repitiendo una y mil veces el mismo patrón de relacionamiento. ¿Será que no somos del todo conscientes de cuánto y cómo influye lo tóxico en nuestras decisiones, vínculos y formas de vida?

En la medida que establecemos relaciones con otros, vamos encontrando similitudes y diferencias, en donde éstas últimas nos siempre pueden sobrellevarse como tales. Lo diferente de la otra persona, rompe con la idea de lo que nos imaginamos de cómo es. Ante las diferencias: ¿por qué no preguntarnos si realmente somos nosotros los que no podemos aceptar nuestras propias diferencias de lo que somos a lo que creemos ser? ¿Nos conocemos como creemos o solo convivimos con una idea de quienes somos? ¿Habrán aspectos nuestros que no queremos reconocer y nos quedamos en la hostilidad que derrama la otra persona? ¿Será más fácil reconocer lo tóxico del otro que lo que vive en nosotros mismos?

¿Por qué busco y genero relaciones tóxicas?

Las experiencias y vivencias tóxicas de cada persona, no siempre se logran procesar y aceptar de forma adecuada en nuestro psiquismo. Así mismo, se logran manifestar ante problemas de autoestima, búsqueda afectiva, inseguridades etc. Relacionarme con lo tóxico del otro (hacer que su hostilidad me afecte) hable de mis propias vivencias tóxicas u hostiles que de algún modo siguen dando vueltas en mi interior una y otra vez, generando no sólo este tipo de vínculos, sino también hábitos y conductas tóxicas que afectan la vida misma.

¿Por qué necesito enfocarme en lo tóxico y hostil del otro en lugar de lo que vive adentro mio?

Quizá han habido situaciones difíciles de procesar en nosotros mismos y eso hace que necesitemos ver primero lo hostil del otro, antes que comprender lo propio. Entrando en un circuito difícil de interceptar.

¿Cómo puedo terminar con este tipo de relaciones tóxicas?

Lo primero es poder reconocer y desanudar aspectos buenos y malos de nosotros mismos, con personas y espacios adecuados para trabajarlo, en lugar de transitarlo en soledad. Atendiendo este proceso de forma paciente desanudando nuestra hostilidad para transformarla en forma positiva.

De este modo, se logrará tener mayor conocimiento de quién verdaderamente somos, pudiendo transformar y favorecer nuestra forma de relacionarnos con nosotros mismos y con el mundo.

Escrito por Lic. Cecilia Casagrande